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¿Qué cara tiene una muñeca?

    «I´m Too Sad to Tell You», Bas Jan Ader, 1970.

     

    ¿Qué cara tiene una muñeca?

    Esta pregunta la escuché en la película “The Beast”. Al margen de la calidad cinematográfica del film, me llamó la atención la respuesta: “Neutra, para que guste a todo el mundo”.

    Entonces pensé que no me he fijado en la cara de las muñecas actuales y que puede que las hieráticas solo sean cosa del pasado, de aquellas de porcelana.

    Si una cara neutra gusta a todo el mundo, será porque todo el mundo puede interpretar esa cara a su gusto al dotarla de las emociones que imagine: ahora triste, ahora enfadada, ahora ríe, ahora llora… Porque lo que no sabemos, lo inventamos.

    En la película planea un futuro en el que la tecnología promete suprimir las emociones humanas. Todos con cara neutra. Todos sedados. Amortiguados. Para que el miedo no dé tanto miedo; ni la tristeza nos ponga tan tristes. No experimentaríamos las comprensibles consecuencias humanas de las dificultades vitales. Claro que tampoco la alegría sería tan alegre, ni el amor enamoraría tanto.

    Ahora que estamos en Semana Santa y las procesiones que van por dentro salen a la calle en forma de quejido porque la lluvia vino a aguar la fiesta y a frustrar las expectativas. Ahora que la pasión revive en la música sacra de Bach, apasionándonos. Ahora que ya resucitamos a la cotidianidad y habrá momentos en que nadie nos libre de la angustia vital, aquella de la que hablaban los existencialistas, cuando descubrimos que somos los responsables de nuestras decisiones y sus consecuencias. Ahora debemos conocer las posibilidades y servidumbres de nuestra vida emocional para aprovecharla sin que se desmande.

    La neurocientífica Nazareth Castellanos explica la interacción entre cerebro y corazón, ambos generadores de campos electromagnéticos, mediada por el nervio vago. Percibimos e interpretamos el mundo que nos rodea cuando nuestro cerebro se comunica con el corazón. En filosofía se recoge esta doble dimensión de los seres humanos en lo que, por ejemplo, la filósofa Adela Cortina llama razón cordial: la razón pasada por el cor, cordis (corazón), pues contempla que los sentimientos estén transidos de racionalidad y la racionalidad fertilizada por ellos.

    Mientras el cine puede especular con un futuro sin emociones, en el presente se nos manipula a través de ellas distorsionando la realidad de forma deliberada para influir en la opinión pública. Más bien estamos en una época de misología, de desprecio a la razón y a los razonamientos. No sé con qué cara nos estamos quedando. No sé si avanzamos hacia la cara neutra, esa que gusta a todo el mundo, o si el cuerpo se resiste.

    ¿Qué pensamos ante un rostro emocionado? 🤔

     

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