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¿Para qué sirve la filosofía?

    "La muerte de Sócrates", Jacques-Louis David, 1787
    «La muerte de Sócrates», Jacques-Louis David, 1787

    Nuccio Ordine decía que la filosofía no sirve porque no es servil. Forma parte del oxímoron de la utilidad de lo inútil, de aquellos saberes que no tienen una finalidad utilitarista porque son fines por sí mismos.

    Pero siempre te preguntan “para qué”. La disciplina que intrínsecamente se plantea el para qué, no se libra de para qué ella misma. Para qué sirve la filosofía, para qué sirve la ética, para qué sirve el pensamientocrítico

    En estos tiempos en que nos enfoscamos en el hacer, a galope tecnológico, intuimos que nos hace falta cultivar el ser y nos acordamos de las humanidades, como de Santa Bárbara cuando truena. Ahí está la filosofía, que tiene la atracción de lo que a veces no se comprende del todo y la sospecha de que merecería la pena comprenderlo.

    Entonces surge el discurso de su necesidad y el recelo a dar el primer paso. Desde que Sócrates, el tábano de Atenas, fue acusado de corromper a los jóvenes invitándoles a pensar, la filosofía nada a contracorriente. Se valora su carácter cuestionador, pero no queremos preguntas que nos incomoden; se dice de la importancia de la duda, pero por si acaso nos aferramos a la certeza; nos parece importante razonar sin olvidar el corazón, pero el exceso de emotividad nos impide razonar; nos ilusiona el diálogo, pero nos enzarzamos en debates mientras nos polarizamos…

    Aunque siempre hay alguien que se acerca y en ese acercamiento le cautiva la mirada filosófica: las preguntas que vuelven en versión actualizada y a las que una vez más en la historia trataremos de dar respuesta, los matices de la realidad que comenzamos a vislumbrar, las distintas perspectivas que nos enriquecen, la relevancia de los criterios para el mejor decidir, la lectura de la novedad de los contextos, el mimbre de la argumentación, el ritmo de los valores, la forja del carácter, la normalidad de la incertidumbre, la búsqueda de sentido.

    Siempre hay alguien que no pregunta “para qué”, sino que da el paso para descubrirlo. 
    Siempre hay personas abiertas a filosofar.

    ¡Sapere Aude!

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